Una breve mirada sobre la inmigración masiva en Brasil/ Jorge Salvador Zappino

Se ha determinado, mediante innumerables estudios, que los cambios en el régimen de acumulación del sistema capitalista son la causa de la aceleración de los movimientos migratorios a escala mundial.

La transición entre un régimen de acumulación y otro se produce a partir de la concentración de capital, de las innovaciones tecnológicas, de nuevas relaciones de producción y de la movilidad de la fuerza de trabajo. De esta manera se produjo la transición del capitalismo de libre competencia hacia el capitalismo monopolista en la segunda mitad del siglo XIX.

La concentración de capital que se produjo en la segunda mitad del siglo XIX generó una serie de consecuencias en el continente europeo.

Diversos investigadores ya demostraron que el ritmo de las migraciones transcontinentales entre Europa y América en la segunda mitad del siglo XIX decrecía cuando había relativa prosperidad en Europa y depresión en Norteamérica, y se incrementaba cuando Europa se enfrentaba a situaciones de crisis y América vivía ciclos de desarrollo.

El avance tecnológico de la agricultura generado por la penetración del capitalismo en el campo produjo la expulsión de una parte importante del campesinado europeo hacia las ciudades. La constitución de la gran industria y de las grandes regiones industriales europeas provocó la liberación de fuerza de trabajo artesanal que vivía en los pequeños pueblos entre el ambiente urbano y rural. Los dos procesos originaron movimientos migratorios del campo hacia las ciudades que contribuyeron a la concentración de pobres en las grandes ciudades.

Otra alternativa para la continuidad de reproducción tanto de la artesanía, como de la propiedad campesina en la tierra, era la de las migraciones intercontinentales. Desde ese momento, los principales países americanos, Estados Unidos, Canadá, Argentina, Brasil, Uruguay, a los cuales debemos añadir Australia, Nueva Zelanda y África del Sur, recibieron miles de inmigrantes que salían de Europa, muchas veces con apoyo gubernamental, para la “tierra de las oportunidades”.

Sin embargo, no fueron solamente campesinos, artesanos y obreros los que migraron. Entre estos también tenemos la figura de los llamados “migrantes burgueses”, que en muchos casos eran pequeños empresarios o técnicos que habían estudiado en universidades europeas y que al acumular algún capital migraban a América para organizar negocios, huyendo del proceso de concentración de capital. También había científicos, profesionales aventureros y personas que encontraron en América la libertad para la realización de experimentos e innovaciones.

En el caso específico de Brasil, la prohibición del trafico de esclavos (1850), la Ley de Vientres Libres (1871), la Ley de los Sexagenarios (1885) y el crecimiento de la campaña por la abolición de la esclavitud que culmina en 1888, fueron los principales factores que desencadenaron el establecimiento de una política de creación de alternativas para el trabajo esclavo.

La abolición de la esclavitud obligó a los propietarios del Nordeste y del Centro-Sur a satisfacer una necesidad económica crítica: mantener costos bajos de la mano de obra.

En el Nordeste, un estancamiento económico y una gran densidad demográfica habían hecho que la transición a un trabajo libre fuera un proceso secular y la abolición final de la esclavitud en 1888 tuvo pocos efectos sobre la oferta de mano de obra. Según los datos censales, en 1872, los esclavos eran únicamente el 10% de la población total del Nordeste. En el sistema laboral más generalizado los esclavos eran sustituidos por moradores de condição. A esos moradores se les permitía cultivar pequeñas parcelas de subsistencia a cambio del suministro regular de caña para los ingenios de la plantación.

Por el contrario, las zonas cafeteras del Centro-Sur, por ser de ocupación reciente y hallarse en expansión continua, no tenían una reserva amplia de mano de obra de la que pudieran depender. Si las dos regiones hubieran competido por la mano de obra es probable que la suerte de los trabajadores rurales hubiera sido totalmente distinta. Sin embargo, la decisión de los terratenientes paulistas en favor de programas de inmigración extranjera creó una coalición reaccionaria con las minorías privilegiadas del Nordeste que privó a los antiguos esclavos y a la mano de obra nacional libre el acceso al mercado de trabajo.

Si bien es cierto que el transporte interno habría sido costoso debido a la falta de un sistema nacional eficiente de comunicaciones, ese obstáculo no era insuperable porque los recursos dedicados a atraer inmigrantes europeos podrían haberse destinado a tal fin. Los costos fundamentales eran políticos. Como los plantadores de café no tenían ningún interés en llegar a un enfrentamiento político con sus homólogos del Nordeste, optaron por transigir siempre que pudieran contar con recursos públicos para obtener un suministro alternativo de mano de obra.

No puede ignorarse el hecho de que la opción en favor de la mano de obra extranjera en la economía cafetera posterior a la abolición de la esclavitud se vio muy favorecida por factores externos. El hecho de que la expansión capitalista en Europa (y sobre todo en Italia, como se verá más adelante) en aquel momento había creado dislocaciones sociales importantes fue decisivo para el éxito de las políticas brasileñas de inmigración.

En el Centro-Sur, el recurso a las subvenciones del Gobierno, aparte de reducir los costos para los dueños de las plantaciones desempeñó una función importante en la contribución de la mano de obra. Hizo que el mercado de trabajo funcionara sin problemas, reduciendo al mismo tiempo el poder de negociación de los trabajadores, ya que la existencia de una oferta ilimitada mantenía bajos los salarios. De ese modo las subvenciones públicas complementaban los intereses de los terratenientes.

En cuanto a la mano de obra nacional en la región cafetera, su suerte no parece haber sido mejor. Los blancos pobres y los antiguos esclavos no podían hacer frente a la competencia de los inmigrantes europeos. Los prejuicios de los plantadores y la institucionalización de un mercado extranjero de mano de obra, les dejaba muy pocas oportunidades. Los antiguos esclavos, dejados repentinamente a su suerte, cayeron en una situación completamente marginal y prefirieron desplazarse a las zonas urbanas, donde realizaban trabajos que solo les permitían sobrevivir. Los blancos pobres se dedicaron en general a actividades de subsistencia y eran contratados de vez en cuando para trabajos temporales en las plantaciones. Su propiedad de la tierra seguía siendo bastante precaria y a veces eran expulsados de ella cuando las plantaciones de café llegaban a sus inmediaciones. Las tasas negativas de migración interna que ofrece el Estado de San Pablo en los años 1900-1920 apoyan esta conclusión: mientras que la entrada neta de extranjeros llegó a 374.250, se ha estimado que casi 20.000 personas nacidas en el Estado lo abandonaron.

Para los inmigrantes europeos, la misma dislocación espacial era el resultado de una gran movilización en la sociedad de origen. Al salir de su país, el emigrante estaba dispuesto a aceptar nuevos compromisos. Sin embargo, en su particular situación, no era probable que sintiera ninguna lealtad, y la respuesta generalizada fue la “salida”. Como la escasa evidencia sugiere, los inmigrantes abandonaron, bien una plantación por otra, bien el campo por los centros urbanos, o bien Brasil por Argentina o Estados Unidos.

Según los datos disponibles, la proporción de trabajadores extranjeros que abandonaban las plantaciones antes de que terminaran sus contratos era de cerca del 40% en 1910 y del 62% en 1912.

En lo que se refiere a los desplazamientos hacia las zonas urbanas, los datos son también reveladores. La proporción de extranjeros en la ciudad de San Pablo creció de manera sorprendente durante ese periodo. Según los datos censales, en 1920 la población nacida en el extranjero era del 35,4% del total. La política de conceder subvenciones sólo a los trabajadores agrícolas no ayudó a los terratenientes: el movimiento hacia las ciudades siguió siendo alto en todo el periodo. Las salidas del Brasil fueron también importantes y algunos años superaron a las entradas.

Volviendo algunos años atrás, en 1840 el café comienza a sustituir al azúcar como el principal producto de exportación. Esto llevo al aumento de la necesidad de mano de obra para los cafetales, especialmente los de San Pablo.

Varias medidas son tomadas por el gobierno brasilero para atraer europeos, entre ellas el derecho a los Estados a traer inmigrantes.

La primera política de incentivo a la inmigración fue formulada por el senador Nicolau Pereira de Campos Vergueiro en 1840. Era el Sistema de Parcería, que daba el derecho a los inmigrantes a trabajar en tierras provista por los fazendeiros. Al final, los lucros era divididos. Sin embargo, como la mayoría de los inmigrantes eran pobres, tenían sus pasajes y comida pagos por los fazendeiros hasta que fuera vendida la primera zafra. De esta manera, al llegar a las fazendas, los inmigrantes ya eran deudores de los propietarios de la tierra.

Las condiciones de vida en los cafetales eran precarias. Los inmigrantes podían mantener una franja de tierra para cultivar alimentos para su propio sustento. Sin embargo, como no tenían tiempo para dedicarle a esas actividades, no conseguían producir todo lo necesario.

Con el crecimiento del mercado internacional del café y el fin de la esclavitud, creció la necesidad de estimular la inmigración. La Inspectoría Geral de Terras e Colonizaçao, hasta entonces responsable de la inmigración, autorizó a los Estados a establecer sus propias políticas de atracción de inmigrantes.

San Pablo establece, entonces, su propia política de inmigración. Los fazendeiros se unen en 1886 y fundan la Sociedad Promotora de la inmigración. Se hicieron cartas, folletos y libros de fotografías presentando a Brasil, para ser distribuidos en Europa por agencias contratadas por el Comisariado del gobierno brasilero. El gobierno paulista asume los costos de la llegada de inmigrantes financiando sus pasajes.

Fue hecha una intensa propaganda por los agentes y compañías de navegación, con promesas de vivienda, alimentación, salario y posibilidades de compra de tierras. Todo esto promovió la inmigración voluntaria de europeos, principalmente italianos, generando un verdadero éxodo en algunas regiones de Italia.

De los casi 5 millones de extranjeros que entraron a Brasil entre 1870 y 1949, mas del 50 % fueron al Estado de San Pablo. Los italianos eran el grupo mas numeroso, aproximadamente 950 mil personas. Entre principios de 1890 y la Primera Guerra Mundial, los italianos llegaron a conformar un 25 % de la población del Estado.

Los que venían con pasajes pagos por el gobierno brasilero se dirigían a las fazendas de café, mientras que los que venían por cuenta propia preferían la ciudad. Los municipios donde mas se hace sentir la presencia de italianos fueron aquellos localizados a lo largo de las vías del ferrocarril del Estado, por donde se dirigían el 90 % de los inmigrantes que abandonaban el hospedaje en la capital entre 1893 y 1910.

A partir de 1908, muchos inmigrantes comenzaran a preferir las áreas urbanas, tanto en la capital como en el interior del Estado. Eran aquellos que tenían alguna profesión como herreros, panaderos, jornaleros, tejedores, etc.

Bras fue el barrio de preferencia de los italianos que se instalaran en la ciudad, pero también tendrán una fuerte presencia en Mooca, Bom Retiro, Belenzinho, Caninde, Bexiga, Pari, Vila Carrao e Santana.

Se agrupaban conforme a su región de origen: napolitanos en Bras, calabreses en Bexiga y venecianos en Bom Retiro.

Los primeros grupos de alemanes llegaran a la ciudad de San Pablo en 1827, y se radicaran sobretodo en la región de Santo Amaro.

Muchos alemanes se instalaran, también, en Itapecerica, Sao Roque y Embu.

Mas tarde, el aumento de las exportaciones de café acabo beneficiando también las relaciones comerciales entre Brasil y Alemania.

La inmigración japonesa tuvo inicio el 18 de junio de 1908, con la llegada de 165 familias de agricultores y algunos mas que vinieron sin su familia.

Fueron a las fazendas de café en el interior de San Pablo y también a otros estados, dedicándose, mayoritariamente, a trabajar en la agricultura.

Las principales razones que llevaron a un gran numero de italianos a emigrar fueron el crecimiento poblacional y el proceso de unificación italiana, además de una pequeña área territorial y una topográfica muy accidentada que impedía la expansión de la agricultura.

Luego de la unificación, en 1870, pagaban impuestos sobre casi todo, hasta sobre los productos que producían para el autoconsumo y sobre animales domésticos. La tierra, fuertemente gravada, endeudó de tal manera a los productores que terminaron perdiendo sus propiedades. La ganancia del gobierno era tan grande que en ciertas regiones llegaba a pagarse un 31 % sobre todo lo producido.

De esta manera, la inmigración paso a representar la única posibilidad de sobrevivencia para esas personas y una válvula de escape para resolver sus problemas. El propio gobierno comenzó a incentivarla: una parte del pueblo necesitaba partir para que otra parte pudiera sobrevivir.

San Pablo seria el mayor receptor de flujos migratorios. En 1940 ya representaba el 10 % de su población, y en 1950 alcanzó el 11.6 %, totalizando más de un millón de personas de las cuales el 50 % eran oriundos de Minas Gerais y, poco más de un tercio, del Nordeste.

Con la inmigración, los contratos de trabajo obedecerán a un modelo que fijaba un salario base proporcional en función del número de brazos de la familia, con la obligación de “beneficiar” el café, embolsado y transporte; y otra parte del salario consistía en una especie de comisión por la cosecha obtenida. Además de esto, era concedida al trabajador una determinada área de cultivo – generalmente intercalada en los cafetales -, donde el mismo podía cultivar para su propia subsistencia.

Esta alternativa era la preferida de los inmigrantes, principalmente en los cafetales nuevos, porque facilitaba su trabajo. Sin embargo, con el tiempo, esas intercalaciones de tierra fueron abandonadas a medida que la tierra se agotaba. Además, los “fazendeiros” se apropiarían de esas tierras como medio de aumentar la rentabilidad a costa de los trabajadores, debido a que la cultura de la subsistencia mucha veces se había convertido en un medio de independencia de los trabajadores, que vendían sus excedentes y acababan emancipándose como pequeños propietarios.

Este hecho comenzó a tornarse un serio problema a medida que los inmigrantes se desplazaban buscando mejores condiciones de supervivencia. Algunos se iban a trabajar a las ciudades y otros emigraban, principalmente para Argentina; otros, prefirieron regresar a Europa.

A pesar de su pequeño número, no se puede dejar de apreciar lo que representó la migración de brasileños en función del fenómeno del café y del desarrollo de las relaciones capitalistas que este provocó en el sur del país. Estas migraciones representaron, hacia fines del siglo XIX, más o menos un 6% de la mano de obra, pasando a ser más representativa luego de la primera guerra mundial y hasta la crisis de 1929.

Inmigración e industria al inicio del período

Varios factores, como la expansión del café en el mercado internacional, los bancos de financiamiento de créditos y el aumento de la población y del mercado consumidor interno, favorecerán el desarrollo industrial en la ciudad y en el Estado de San Pablo.

Existen diversos estudios sobre el tema, entre los cuales sobresalen unas tablas armadas por Sergio Silva con datos del Centro Industrial de Brasil, en las cuales se percibe que muchas pequeñas actividades escaparán de los registros y también que las grandes empresas, con más de 100 operarios representaban, en promedio, entre el 70% y el 85% del capital invertido y ocupaban entre el 60% y el 80% de la mano de obra.

El autor, reconociendo la debilidad de los datos, organiza otros relativos al año 1920 y intenta conclusiones realmente aceptables, entre las cuales se encuentra la definición de que esas empresas con más de 100 operarios caracterizan verdaderamente a la industria brasilera naciente.

En lo que respecta a los transportes, fundamentales para todo desarrollo industrial serio, son inversores ligados a capitales ingleses los que van a instalar la red ferroviaria a partir de la zona Fluminense en dirección a San Pablo por el valle de Paraíba, y, posteriormente, uniendo a San Pablo con Santos y a Río de Janeiro con Minas Gerais.

Entre 1854 y 1860 el complejo ferroviario brasileño fue dominado prácticamente por capitales ingleses, y a partir de 1860 fueron organizadas por los propios “fazendeiros”: Paulista, Sorocabana y Mogiana, asociadas a otras empresas, cubrían, hacia 1900, más de 3.000 Km. de líneas, donde el café se instalaba.

Y no era solo con los transportes que se manifestaba el expansionismo de ese modo de producción, sino, además, en muchos emprendimientos industriales como ser los de mecanización agrícola, empresas de transporte fluvial y marítimo, instituciones de financiación de productos agroindustriales y los primeros bancos.

En los inicios del periodo se produjo una acumulación capitalista importante a nivel de las actividades comerciales, aunque la misma frenaba la expansión de las fuerzas productivas de transformación, creando una apariencia de desarrollo económico no relacionado con la producción y que relegó al Brasil, dentro de la división internacional del trabajo, a la posición de país exportador de productos primarios.

Las sucesivas crisis de sobreproducción no sirvieron, sin embargo, para que los grandes terratenientes del café comprendieran el peligro de caer en una dependencia monoexportadora extrema; con cada crisis, insistían en las mismas soluciones: la devaluación de la moneda brasileña como forma de mantener los volúmenes de exportación, lo cual se conseguía al costo de una fuerte presión inflacionaria hacia adentro.

El fracaso de esta política hacia fines del siglo XIX llevó a que Brasil no pudiera afrontar los servicios de la abultada deuda externa. “La alianza de la clase señorial con el imperialismo naciente se realiza dentro del marco fundamental de los acuerdos logrados por Campos Salles en Inglaterra, donde obtuvo la unificación de los empréstitos anteriores y la suspensión de su amortización durante 13 años.

En 1906, mediante el acuerdo de Taubate, los cafetaleros definen una política orientada a estabilizar la oferta: los excedentes serian retirados del mercado y financiados con créditos externos (Principalmente alemanes y estadounidenses). Los pagos de esa deuda serian realizados con lo recaudado por un impuesto a la exportación de café.

Sin embargo, la calma duró poco, ya que los grandes terratenientes y la burguesía comercial, con el objetivo de mantener su política de “valorización y defensa del café”, fueron a buscar más créditos a otros bancos, volviéndose a generar un grave problema en la balanza de pagos que terminó estrepitosamente en 1930, cuando los stocks volvieron a acumularse.

A partir de 1907, con las protecciones aduaneras y las dificultades originadas en los saldos negativos de la balanza comercial, la necesidad de suplir importaciones con producción nacional se tornó indispensable.

El gobierno central, repartido entre paulistas y mineiros mediante la “política de los gobernadores”, no tuvo fuerzas para asegurar una acumulación capitalista a partir de la producción cafetalera, logrando una mejor distribución del desarrollo hacia el resto de la sociedad brasileña.

De hecho, el desarrollo capitalista basado en el café tenia en la propiedad de la tierra su factor básico; y esta, desde el Imperio, era ejercida de dos formas: una jurídica y la otra mediante la posesión física de tierras desocupadas.

El problema subsistía debido a las relaciones de propiedad establecidas durante la colonización y consolidadas a partir de la independencia, con la expulsión de los primeros ocupantes ante el avance de las fronteras del café, muchos de ellos inmigrantes. Quien no se integraba a la expansión cafetalera, o vendía sus posesiones, acababa siendo absorbido por el avance de los terratenientes. Los que adherían, quedaban dependientes de los que dominaban el gran capital y la financiación necesaria para la producción y la mecanización.

Esta apropiación de tierras se constituía, entonces, en la forma de acumulación de capital; y la especulación inmobiliaria era utilizada para evitar el acceso de ex esclavos e inmigrantes a la propiedad de la tierra, buscando, de esta manera, mantener la cantidad de fuerza de trabajo necesaria para la producción de café en las grandes “fazendas”. Solo algunos pocos inmigrantes consiguieron participar de esta dominación.

De manera general, cuando el capitalismo ya esta implantado, la tierra pierde importancia como medio de producción; y la separación entre el trabajador y los medios de producción pasa a depender menos del hecho de la “posesión”, de tal forma que el acceso a la tierra queda subordinado a la disponibilidad de capital.

Dentro de este régimen de desarrollo – extensivo y de monocultivo – el desarrollo del capital a nivel de la producción se vuelve débil.

Solamente después de 1907, el crecimiento industrial comenzó a absorber la acumulación de capital producto de la economía cafetalera.

Esta naciente industria se componía de tres sectores: artesanal, manufactura y fábricas, unidades de producción esenciales en la evolución del sistema capitalista.

En función del número de trabajadores que absorben las dos últimas, estas se distinguen de la artesanal por el mayor número, donde el propietario ya no se ocupa directamente de la producción. La fabrica se distingue de la manufactura por la importancia de su capital, principalmente el involucrado en la mecanización y en la organización técnica del trabajo más sofisticado. Esta última es, por lo tanto, la unidad de producción típicamente capitalista y, en consecuencia, la manufactura sería una forma de transición del sistema, la cual fue adoptada por los inmigrantes para su desarrollo.

Las funciones comerciales se verán transformadas por la conjunción de terratenientes e inmigrantes en actividades de importación y comercio de productos extranjeros para abastecer el creciente mercado interno.

La presencia de inmigrantes en San Pablo fue fundamental para el desarrollo de la ciudad y la diversificación de los servicios y productos comercializables.

Estos daban gran importancia al desarrollo industrial: los italianos dominaban la industria alimenticia y la de tejidos. Los alemanes se especializaron en la producción de cerveza y papel, en la importación de telas y en las curtiembres. Los armenios se dedicaran a la producción de calzados, los judíos y los coreanos a la confección de ropa.

Los italianos, además de vender telas, dominaban gran parte del comercio de ferretería y de calzados.

Los artesanos, también de mayoría italiana, marcaran su presencia en la confección de productos elaborados artísticamente y en la construcción civil. La mayoría de los maestros mayores de obra también era italiana.

Los italianos participaran activamente en el proceso de industrialización de San Pablo, como operarios en las fabricas donde ayudaban a organizar los movimientos sindicales, y también como empresarios, creando innumerables industrias.

La industria paulista absorbió mano de obra de mecánicos, modeladores, zapateros, fundidores, etc.

La primera fabrica de tejidos de la ciudad de San Pablo fue fundada por italianos.

En el interior del estado, se fundaron fabricas, entre otras, en el genero alimenticio.

En Campinas introdujeron la industria de la seda. Algunos inmigrantes construyeron verdaderos imperios: Francesco Matarazzo, Rodolfo Crespi, Egidio Gamba y los hermanos Pugliese Carbone, que importaban harina; Scarpa, con su manufacturas de tejidos; Siciliano, con una fundición, etc.

Bresser Pereira, estudiando los orígenes étnicos del empresariado paulista, concluye que el 84% de los empresarios de San Pablo eran extranjeros y que lo mismo ocurría en Río de Janeiro, según el censo de 1920.

Por otro lado, debido a la evolución del mercado interno, fueron creadas una serie de empresas auxiliares al sistema de importaciones, dada la dificultad de importar ciertos productos perecederos. La industrialización resultante de la transformación de esos productos, ocupa un papel importante en la diversificación de la industria naciente.

Disponiendo del control del capital comercial, los inmigrantes se integrarán a los importadores y se asociaran a ellos en las actividades complementarias que se constituirán en los orígenes de las empresas fundadas por esos inmigrantes, o de aquellas cuyo control asumían en función de capitales propios o de aquellos a los que tenían acceso.

Con respecto a las inversiones extranjeras, Suzigan y Szmreesányi plantean que “parece innegable que las inversiones de capital extranjero en la industrialización de Brasil fueron modestas hasta el inicio de la década del 30. Sin embargo, en algunos sectores llegaron a asumir proporciones significativas.”

Según los autores, “se puede decir que desde el final del siglo XIX, Brasil pasó a formar parte de las estrategias de expansión geográfica de empresas lideres en el sector industrial.”

Como ejemplo de esta afirmación, se da el caso de Ford Motor Company, que inició sus operaciones en 1919 y, al año siguiente, decidió construir una línea de montaje en San Pablo.

Es evidente, también, que la existencia de lazos familiares entre la gran burguesía del café y la burguesía industrial naciente, llevo a la fusión de capitales y facilitó la expansión industrial.

Por otro lado, ese desarrollo, además de contar con la simpatía de la masa de inmigrantes, debido a la presencia de muchos de ellos en la dirección de empresas industriales, ofrecía oportunidades a aquellos que pretendían mudarse del campo a la ciudad, constituyéndose de esa manera una gran masa de mano de obra en San Pablo compuesta mayoritariamente de italianos y portugueses.

El crecimiento urbano del estado de San Pablo fue explosivo entre 1870 y 1920, llegando a un porcentaje del 7.393 %, del cual el 448 % pertenecía al interior del estado.

Junto a la población, creció vertiginosamente la producción de energía y la demanda del mercado interno.

Al respecto, afirma Cano, “en 1900 San Pablo representaba el 13 % de la población de Brasil y en 1907 abarcaba el 16 % de la producción industrial, cifra que subiría a 31 % en 1919 y al 45 % en 1939.”

El inmigrante italiano, de acuerdo con muchos autores e informes del Gobierno de Brasil, generalmente era originario del norte y del sur de Italia. La mayoría eran artesanos y técnicos y el resto eran campesinos. En cierta forma, sus orígenes influirán en su comportamiento en relación a la sociedad que los recibía. Los del norte, que contaban con algún capital, buscaban adquirir su propia tierra o urbanizarse con el objetivo de progresar aprovechando sus conocimientos. Los del sur, en cambio, buscaban permanecer y desarrollarse en las actividades agrícolas.

Estos últimos, sufriendo la presión de los latifundistas y capitalistas, se desplazaban hacia tierras próximas a las ciudades desarrollando allí actividades diversificadas como la producción de lácteos, derivados de la carne, producción de ladrillos y tejas, etc.

Estadísticas realizadas por la Secretaria de Agricultura, marcan que entre 1901 y 1906, los propietarios agrícolas italianos aumentaron de 1057 a 5197, alcanzando en 1920 11.825 propietarios italianos en el estado de San Pablo.

Acerca de historiadeamericalatina

Profesor de Historia de América Latina Universidad Iberoamericana Campus Santa Fe Ciudad de México
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