Fuentes para comprender la Revolución Mexicana

 

 

ENTREVISTA DÍAZ – CREELMAN  (clic en la imagen)
Por José María Luján (Prólogo)
Mario Julio del Campo (Traducción)

 

 

 

 

 

Para una bibliografía básica sobre la Revolución Mexicana, dar clic en la imagen.

 

 

 

 

Reseña sobre Caudillos culturales en la Revolución Mexicana de Enrique Krauze (clic en la imagen).

Sobre la relación América Latina-Estados Unidos (1823-1914)

OCCIDENTALIZACION, IMPERIALISMO, GLOBALIZACION: HERENCIAS COLONIALES Y TEORIAS POSTCOLONIALES (clic)
WALTER D. MIGNOLO
El proceso de occidentalización a partir de finales del siglo xv legó a la historia cultural de lo que se conoce hoy como América Latina una preocupación particular: hasta dónde Latinoamérica es parte de Occidente; es el extremo occidente o un espacio donde lo occidental es lo extraño frente a los legados de las culturas Amerindias y Africanas. El sentimiento de pertenecer o no a Occidente, de pertenecer más o menos, varía según las regiones culturales y la trayectoria étnica y social de los grupos humanos y las personas. Las trayectorias son diferentes también en los Andes, Mesoamérica y el Caribe. Durante el siglo XIX el proceso de occidentalizaci6n generó la Doctrina Monroe y con ella una conciencia “americana” del Hemisferio Occidental, que si bien no fue abrazada por todos, tuvo sin embargo impacto político y entusiastas defensores. A mediados del siglo XX, el debate adquirió un nuevo carácter y una nueva dimensión en la medida en que la pregunta fundamental pasó a explorar el lugar de América en la historia, teniendo en cuenta los sucesivos procesos de expansión imperial (España y Portugal, primero, Francia e Inglaterra después), trazando las diferencias entre la América del Sur y la del Norte, las cuales comenzaron a separarse hacia principios del siglo XX, cuando el impulso imperial de Estados Unidos desplazó la “fraternidad” americana presupuesta en la Doctrina Monroe, enfatizó la política de la ubicación (“locación”) geo-cultural y, con ella, las variables de raza y género.

El canal de Panamá: un estudio en derecho internacional y diplomacia (clic)
Libro de Harmodio Arias

Estados Unidos y su posición en la Guerra de Independencia de Cuba, 1868-1878: el reconocimiento de beligerancia (clic)
Mª DOLORES DOMINGO ACEBRÓN
La expansión de Estados Unidos había sido uno de sus puntos claves desde su constitución como nación. En el proyecto de Confederación del mes de julio de 1776, John Dikinson había propuesto delimitar las fronteras por el Occidente. Siendo rechazada cuando George Washington, hablaba de Estados Unidos como un “Imperio naciente” y después un “Imperio incipiente”. Los presentimientos de grandeza como expone Niall Ferguson quedaban en evidencia cuando William Henry Drayton, como presidente de la corte suprema de Carolina del Sur decía: “…y así de repente ha surgido en el mundo un nuevo imperio llamado Estados Unidos de América que tan pronto empiece a existir atraerá la atención del resto del Universo”. Sin duda alguna su impronta se dejó sentir en todo el mundo, Estados Unidos compró su imperio. Así se desprende de la relación que ofrece Richard. B. Morris sobre los territorios que adquirió Estados Unidos desde 1803 hasta 1898.

Inmigración hacia América 1860-1930

FERNANDO OSVALDO ESTEBAN
DINÁMICA MIGRATORIA ARGENTINA: INMIGRACIÓN Y EXILIOS (clic)
A partir de una tipología de flujos migratorios se realiza un repaso de aquellos más importantes en la historia de Argentina: la masiva inmigración europea, las migraciones internas y aquellas provenientes de países limítrofes. Posteriormente describe el actual proceso de emigración de argentinos y retorno de antiguos inmigrantes. Se abordan luego las causas económicas que lo produjeron a través del estudio de la evolución de los indicadores de desempleo, pobreza y distribución del ingreso en el país durante los últimos años. Finalmente, plantea la posibilidad de aprehender este flujo emigratorio como un exilio económico.

Jo Frances Maddern
Spectres of migration and the ghosts of Ellis Island (clic)
This article is based on in-depth interviews carried out with producers involved in the restoration of Ellis Island Immigration Station, New York and those responsible for turning it into a successful national heritage site which opened to the public in 1990. The buildings on Ellis Island operated as an Immigration Station between approximately 1892 and 1924 during which time they processed over 16 million migrants of predominantly European origin. An analysis of interviews conducted as well as readings of Ellis Island taken from archives, folklore and US popular culture suggest that the site is imbued with the  spectropolitics of its politically emotive immigrant processing past. Rather than dismissing the spectrality associated with Ellis Island as folkloric or irrational, the article attempts to untangle the different meanings attributed to the ‘ghosts’ that circulate through the buildings and material objects that inhabit the island. It suggests that a number of ‘tropes’ of ghostliness can be associated with the island; uncanny ghosts which defy the sanitizing force of the restoration; conjured ghosts, which are deliberately invoked by producers for various political and economic purposes, and the ghosts of deconstruction which make any meta-narrative of immigration history at Ellis Island a precarious if not troubling achievement.

Castles, Stephen
La era inmigratoria. Cultura, incertidumbre y racismo* (Clic)
Las políticas inmigratorias de numerosas naciones se encuentran en crisis. La última década del siglo XX, así como la primera del siglo XXI, estarán caracterizadas como una «era de migración». Día a día la migración se convierte en un factor global de las relaciones internacionales, mientras las diferencias tradicionales entre las categorías de migrantes han dejado de ser relevantes. El auge y la evolución del racismo no puede explicarse a partir de factores coyunturales o ideológicos, más bien debemos buscar su relación con los profundos cambios sociales de los últimos 20 o 30 años. El racismo es una forma de expresión de la crisis actual del modernismo occidental.

Para profundizar en la historia de la United Fruit

Carlos Luis Fallas, Mamita Yunai (clic para leer).

“Novela insigne, fiel representación de hechos vívidos y encarnados en el sentimiento y la valentía de vivir, a pesar de la injusticia, atropello a la verdad y deterioro de los principios fundamentales de defensa y amor a la patria. Escrita en 1940, de la cual en español se han hecho numerosas ediciones, no sólo en Costa Rica, sino en Argentina, Chile, Cuba y México. Además hay traducciones en ruso, polaco, alemán, checo, eslovaco, búlgaro, húngaro, francés, italiano. Esta obra, retomada por muchos lectores, literatos, historiadores y amantes de la proyección literaria, ha sido pieza fundamental para retomar hechos significativos en la historia de nuestro país y resaltar actores protagónicos del discurso literario. El poeta Pablo Neruda, en su Canto General, resalta la figura de Calero, personaje inolvidable, quien representa en la obra el sentimiento del amor, a pesar de su lenguaje burdo y tosco”.

 

Vilma Láinez y Víctor Meza, “El enclave bananero en la historia de Honduras” (clic para leer).

 

 

 

Marcelo Bucheli, “Good dictator, bad dictator: United Fruit Company and Economic Nationalism in Central America in the Twentieth Century” (clic para leer).

Para profundizar en el tema de los caudillos

 

 

John Lynch, “Bolívar y los caudillos” (clic), América Latina, entre colonia y nación, Barcelona, Crítica, 2000.

 

 

 

 

Carlos Monsiváis, “Pero, ¿hubo alguna vez once mil héroes?” (clic), Aires de familia, Barcelona, Anagrama, 2000.

 

 

 

 

 

 

Jorge Ibargüengoitia, Maten al león (clic), México, Joaquín Mortiz, 1994.

Positivismo latinoamericano/ Diccionario de Filosofía Latinoamericana

Vía Biblioteca Virtual latinoamericana.

Es un concepto que expresa un conjunto de ideas y acciones, que funcionaron como aparato ideológico del Estado y de las clases en el poder, cuya finalidad fue hegemonizar las diversas estructuras sociales derivadas de enfrentamientos que remiten al proceso de formación del Estado y de la nación de los países posindependientes de América Latina de finales del siglo XIX hasta la mitad del siglo XX.

            Fue en América Latina donde se concretó el ideal del filósofo francés Augusto Comte (1798-1857), quien postuló que el espíritu humano debe renunciar a conocer el ser mismo de las cosas (negando toda metafísica) y atenerse sólo a las verdades que se obtienen por medio de la observación y la experiencia. Según Comte la función de las ciencias de la naturaleza es descubrir las relaciones constantes entre los hechos y los fenómenos. De ahí que su inquietud es posibilitar o trasladar la metodología de las ciencias de la naturaleza o positivas, como él las denominó, al terreno de los fenómenos sociales. Con este afán el filósofo creó la física social, como llamó en un principio a la sociología, cuya función es descubrir cómo unificar al ser humano con la naturaleza a través de la formulación o descubrimiento de las leyes que rigen la vida de las sociedades. Con estas ideas Comte propuso la creación de una nueva religión, la de la ciencia, pues sólo ella garantizaría la elaboración de una nueva sociedad, donde los teólogos y filósofos tradicionales desaparecieran para dejar paso a los científicos. Esta filosofía, si bien en Europa no se aceptó totalmente, si dejó una profunda huella en el corazón y en la mente de los pensadores latinoamericanos, pues éstos necesitaban una filosofía que funcionara en los momentos de transición que vivían los pueblos latinoamericanos. Por esto el positivismo, como dice Óscar Terán (1983), se convirtió en una “especie de umbral ideológico que, desde México a la Argentina, no se limita al campo filosófico, sino que incide sobre la política y la pedagogía”. A este respecto Leopoldo Zea, citando a Víctor Massuh, dice que el positivismo:

 cumplió una doble hazaña espiritual. La primera, de carácter político: organizar ideológicamente las nacientes democracias nacionales sobre la base de un orden racional y moderno. La segunda, de carácter educativo: proveer a los americanos de un sistema de ideas y costumbres que superaran las formas sociales y psicológicas del medioevo, subsistentes aún. (…) De ahí que bajo las influencias de Spencer o Comte, las ideas positivistas se extendieron a lo largo del continente, como las únicas partes de realizar lo que se dio en llamar: la liberación de América (…) Por estas épocas América abrió definitivamente sus puertas a la modernidad. (…) Consecuentemente con esta tradición histórica, el positivismo planteó el problema de la educación del hombre americano en los términos de su peculiar concepción del mundo: progreso material, industrial, organización y educación científica (Zea, 1978).

           Toda esta serie de ideas fueron subyugantes para un continente que vivía la más critica situación histórica que soñara jamás, la de la formación de los estados nacionales. De ahí que la filosofía comteana sirviera como cemento ideológico que uniera los diferentes sectores en pugna por el poder. A este respecto Óscar Terán, en Positivismo y Nación, apunta hacia la necesidad de unificar a los diversos grupos existentes en cada nación del continente en un objetivo común, “la mayor incorporación al mercado mundial así como las tareas de homogeneizar las estructuras sociales provenientes del período de enfrentamientos civiles posindependentistas y/o de los aportes inmigratorios, se relacionan en general mediante una centralización del Estado coincidente con la etapa de conformación del positivismo en la cultura latinoamericana”. Sin embargo, la incorporación a los mercados mundiales no seria fácil, pues con sólo hablar de los beneficios del positivismo no se podía hacer mucho, por lo que “Los dispositivos productores de saberes de las clases dominantes diagramaron un modelo nacional donde la instrucción pública, pero no sólo ella, trazaría el limite dentro del cual se asimilarían los sectores integrables al proyecto de nación moderna, en tanto que la variable coercitiva operaría aniquilando o expulsando del mismo a las fracciones pre o extracapitalistas”. El mismo Terán, apoyado en Gramsci, dice:

 junto con el consenso espontáneo que las grandes masas de la población dan a la dirección impuesta a la vida social, por el grupo social dominante, surge igualmente el aparato de coerción estatal que asegura “legalmente” la disciplina de aquellos grupos que no “consienten” ni activa ni pasivamente. No obstante, consenso y coerción, saber y poder no deben ser concebidos como capas exteriormente superpuestas, sino como flujos fusionados que circulan con distintas intensidades por el conjunto de la sociedad (Terán, 1983).

            Aunque es preciso aclarar que si bien el positivismo sirvió como cohesionador de los diversos intereses de las fuerzas sociales dominantes en la conformación de los Estados Nacionales, seria ingenuo pensar que esta filosofía se desarrolló de manera uniforme en todo el continente, pues las condiciones socioeconómicas no fueron las mismas, además de que la realidad llamada imperialismo ensombrecía el supuesto orden y progreso que proponían los positivistas. Tal orden y tal progreso se convirtió solo en un discurso demagógico empleado por los políticos, quienes se enfrentaron con los colosos del norte a los que menos les interesaba el progreso de las naciones latinoamericanas, sino nada más el orden, para poder extraer sus riquezas y así la adhesión a la filosofía que aceptaba el factum como fatum, la doctrina que preponderaba sólo la razón como medio para alcanzar el pleno desarrollo se empezaba a resquebrajar, creando caos político en todas las naciones. A este respecto Agustín Álvarez en la Transformación de las razas en América opinaba que la borrachera de la razón pura era una de las causas centrales del maremagnum político.

            Sin embargo, los problemas que surgieron en América Latina, a finales del siglo XIX hasta la mitad del XX, no empañan lo que en la práctica fue positivismo latinoamericano. Así vemos cómo Gabino Barreda (1818-1881) desempeñó un papel decisivo en la estructuración de la enseñanza impartida por el Estado mexicano, lo mismo sucedió con la Escuela Normal Argentina, fundada en Paraná por Sarmiento en 1870. En esta escuela fue donde J. Alfredo Ferreira (1863-1935) dio impulso al aparato educativo de ese país; algo similar hizo en Uruguay José Pedro Varela (1845-1879) ; en Brasil fue todavía más fuerte la influencia del positivismo en la educación, aunque no sólo en ella en cuanto que esta filosofía se extendía a todos los órdenes del desarrollo modernizante de ese país; los representantes que marcaron el rumbo de Brasil se pueden encontrar en Miguel Lemos (1854-1916), Raymundo Teixeira Mendes (1855-1927), Benjamín Constant (1836-1891) y Luis Pereira Barreto (1840-1923); como ejemplo del éxito que ha tenido el positivismo en el país carioca se puede observar el lema inscrito en su bandera, en el que se proclama la necesidad de la eterna unión del orden y progreso.

            La versatilidad del positivismo latinoamericano será utilizada por los ideólogos del continente para justificar históricamente el desarrollo de sus pueblos y su transición por los tres estados comteanos. Por ejemplo en la Oración cívica, Barreda aplica la teoría de Comte a la historia mexicana, lo mismo intentará hacer José Ingenieros (1877-1925) en Argentina, incluso en su interpretación histórica, describe a su país como una nación mesiánica destinada a crear una hegemonía en el Cono Sur.

            Por todos los ejemplos anteriores se puede decir que el positivismo latinoamericano ha representado un papel fundamental en el desarrollo de los pueblos de América Latina, en donde debido a su versatilidad se utilizó para cubrir objetivos políticos y culturales no siempre benéficos para los pueblos latinoamericanos.

 Fuentes

Ardao, Arturo. Espiritualismo y positivismo en Uruguay, Universidad de la República, Montevideo, 1968.

Barreda, Gabino, “Oración Cívica”, en Gabino Barreda estudios, UNAM, México, 1991.

Terán, Óscar. América Latina, Positivismo y nación, Antología de América Latina, (t. 3) Ed. Katún, México, 1983.

Zea, Leopoldo. El positivismo en México, nacimiento, apogeo y decadencia, FCE, México, 1978.

Zea, Leopoldo. Pensamiento positivista latinoamericano, Biblioteca Ayacucho, Caracas, Venezuela, 1980.